Tirso de Molina y el tema de la religión enEl Burlador de Sevilla
Katrina Jurgill
El Burlador de Sevilla ha sido objeto de mucha crítica y análisis desde su creación por Tirso de
Molina en el Siglo de Oro. La obra trata de las dicotomías centrales de la cultura española: la razón
contra la pasión, y la voluntad contra la conformidad. También se puede leer El Burlador de Sevilla como
una obra de mensaje religioso. Al analizar la vida y las influencias de Tirso de Molina, y al analizar el
texto, se ve con claridad que El Burlador de Sevilla presenta un fuerte mensaje religioso, usando temas
como el arrepentimiento, la predestinación, y la relación entre las obras y la gracia en Catolicismo.
Tirso de Molina (o Gabriel Téllez, su nombre verdadero), nació en 1583 en Madrid. Cuando tenía
diecisiete años, se convirtió en fraile, formando parte de la Orden de la Merced. La Orden de la Merced
tuvo un papel muy importante durante la Reconquista, porque mezclaba lo militar y lo religioso. Tirso
escribía mucho, no solo como dramaturgo sino también como teólogo e historiador. Tirso viajó al Nuevo
Mundo para dar clases de teología y religión durante su servicio en la Orden de la Merced. Durante su
vida religiosa, también escribió más de 400 comedias (Martel 235). Como la mayoría de los grandes
escritores, sin duda Tirso escribió usando sus experiencias y su formación religiosa como una fuente de
inspiración.
Tirso escribió sus obras poco después del famoso Concilio de Trento, del cual la Iglesia Católica
había emergido refortalecida contra la Reforma protestante. El Concilio de Trento creó una espiritualidad
distinta entre los españoles --muy militante y basada en la devoción ferviente, y sospechosa de ideas
entonces consideradas como ìherejía protestante.î El Concilio también planteaba un debate polémico sobre
la predestinación, la gracia, y la importancia de los méritos (u obras) humanos para obtener la
salvación.
Tirso fue influido por un teólogo, Francisco Zumel, quien era muy central a las ìentonces frecuentes
luchas entre diversas familias religiosasî de su época (Muñoz 3). Nacido en Palencia en 1540, Zumel llegó
a ser General de la Orden de la Merced en 1593. Se destacó como teólogo y profesor de Filosofía Moral en
la Universidad de Salamanca, e intervino en las ìreñidísimasî controversias de Auxiliis, que tomaron
lugar de 1588 hasta su muerte en 1607 (3). Las controversias de Auxiliis fueron ìfamosas peleas entre los
dominicanos y los jesuitas, en las que se discutían puntos fundamentales que comprendían un modo bastante
distinto de explicar diversas cuestiones, tanto del orden natural como del sobrenaturalî (16). Zumel
siempre estuvo al lado de los dominicanos durante los debates, usando su conocimiento de psicología
humana en cuanto a la fe y la religión.
Zumel analizó el concepto de la voluntad en relación con la gracia de Dios y la predestinación.
Durante esta época, había muchas opiniones contrapuestas sobre el papel de la gracia y las obras en
cuanto a la salvación. Zumel formó parte de la escuela antimolinista (que no estaba en contra de Tirso de
Molina), sino las opiniones casi calvinistas del jesuita Luis de Molina: ìCon las disputas en contra de
Molina, el mercedario profundizó sobremanera en los conceptos de predestinación... y la voluntadî (Muñoz
17). Zumel basó su entendimiento de estos temas en la escuela tomista, que hace hincapié en la
importancia de buenas obras y acciones en la vida humana sin negar el poder divino y la gracia de Dios.
Sus opiniones del ìconcepto de libertad de los actos humanos en su relación con la omnipotencia divinaî
influyeron a Tirso de Molina y se ve esto en El Burlador de Sevilla en su tema central (fuente web 2).
El Burlador de Sevilla tiene muchos temas, pero uno de los más fuertes es el tema del libre
albedrío. Don Juan Tenorio, el personaje principal de El Burlador de Sevilla, rompe las normas de la
sociedad y vive de su propia manera sin preocuparse por el papel que debe tener un hombre honrado de la
aristocracia. Para él, la voluntad y la libertad de acciones son centrales a su manera de vivir; la vida
es burlar y gozar, sin pensar en las implicaciones en este mundo ni en el mundo espiritual. En la obra,
Don Juan Tenorio burla a cuatro mujeres, dejándolas solas sin honor. Lo hace sólo para divertirse y
buscar aventuras. Durante varias ocasiones en la obra, Don Juan justifica sus acciones con su refrán
preferido: ì¡Que largo me lo fiáis!î En esta frase, Don Juan muestra que es consciente de las
implicaciones de sus pecados, pero no quiere cambiar su manera de vivir ni quiere arrepentirse. Según
María del Pilar Palomo Vázquez, ìDon Juan Tenorio es el gran confiado que temerariamente reta a Dios por
su vitalismo sensual. Desoirá los auxilios de la gracia...î (fuente web 1).
Ann Nickerson Hughes, en su libro Religious Imagery in the Theatre of Tirso de Molina, menciona que
ìel movimiento general de la obra es un cambio gradual de lo profano a lo religioso...î (138). El final
de la obra muestra fuertemente las intenciones religiosas de El Burlador de Sevilla, porque Don Juan
Tenorio es castigado por su manera de vivir. Durante una cena con el fantasma de Don Gonzalo, quien murió
al defender el honor de su hija, una victima de las burlas de Don Juan, Don Juan acaba en el infierno.
Cuando se da cuenta de que está en el infierno, Don Juan quiere arrepentirse y confesarse, pero no
puede:
Don Juan: Deja que llame
Quien me confiese y absuelva.
Don Gonzalo: No hay lugar, ya acuerdas tarde.
Martel 316)
Aún hay más énfasis en el tema de la voluntad y la salvación; está en las palabras de Don Gonzalo después
de la muerte de Don Juan: ìEsta es justicia de Dios: Quien tal hace, que tal pagueî (316). La presencia
de la influencia zumeliana es importante: el hombre tiene la voluntad, pero también tiene que utilizarla
para vivir en concordancia con Dios. La voluntad nos da un tipo de libertad, pero lo importante es estar
preparado para aceptar las consecuencias de las acciones. Tenorio no es condenado por sus obras
únicamente, sino ìpor la pertinaz y soberbia negativa a escuchar los avisos se le envíanî (fuente web 1).
Quizás aún más importante, desde un punto de vista religioso, sería la salvación y la necesidad de
arrepentirse de los pecados. Palomo Vázquez, en su tesis La creación dramática de Tirso de Molina,
describe a Don Juan Tenorio ìcomo una llama que arde en su propio fuego y que cruza por la escena y por
la vida como una vendaval que jamás se detiene para reflexionar sobre el gran negocio de la salvaciónî
(fuente web 1). Como cada héroe trágico, Don Juan podía revertir su destino con un acto sencillo (en este
caso, la confesión) pero a causa de su orgullo, no quiso adaptarse a las reglas de la sociedad y la
Iglesia. A causa de esto, sufre en el infierno.
El papel de Catalinón también es interesante en el análisis religioso. Catalinón es el gracioso en
la obra, que siempre acompaña a Don Juan en sus aventuras. Algunos ensayos dicen que Catalinón funciona
como la conciencia de Don Juan, porque sirve como una voz de ìrazónî (en vez de la voz de ìpasiónî que
vemos en Don Juan). Otras interpretaciones muestran que Catalinón también puede representar a la Iglesia
o aun los pensamientos del autor, Tirso de Molina. Las dos interpretaciones están relacionadas, porque
ambas se basan en el fuerte Catolicismo de la Contrarreforma. Ann Nickerson Hughes propone que la Iglesia
es presentada por el personaje de Catalinón, insistiendo que ìes más lógico interpretar la voz de la
moralidad en el gracioso... porque a Don Juan le falta la conciencia moralî (139). Fred Abrams, otro
critico, propone que Catalinón representa a Tirso de Molina, no solo en personalidad sino también en su
teología (475). Ambas interpretaciones son válidas, porque Catalinón alude con frecuencia a las
consecuencias espirituales de las acciones de Don Juan:
Catalinón: Los que fingís y engañáis
Las mujeres desa suerte
Lo pagareis en la muerte.
Don Juan: ¡Que largo me lo fiáis! (Martel 263)
Aquí vemos que Don Juan rechaza el consejo de Catalinón, y al hacer esto, Don Juan rechaza la Iglesia y
su oportunidad de salvación.
Además, otros personajes expresan la voz de la razón en la obra, cuando intenta recordar Don Juan la
vida eterna. Don Diego, el padre de Don Juan, está avergonzado cuando recibe noticias de las acciones de
su hijo. Hablando de su conducta deshonrada, Don Diego dice ì¡Qué mal me pagas/ el amor que he tenido!î
(Martel 310). En una manera, Don Diego funciona como Dios el Padre, amonestando a su hijo, un pecador que
muestra tanta ingratitud (Hughes 139). Al seguir este paralelo entre Dios el Padre y Don Diego, es
interesante interpretar la relación entre Don Diego y Don Juan. Don Diego es de la aristocracia, y muy
amigo del rey. A causa de su alta posición en la sociedad, Don Diego siempre ayuda a su hijo para que no
sea castigado por el rey u otras personas en la ciudad. Don Juan depende en la protección de su padre. En
un nivel teológico, Don Juan, el pecador, depende del carácter indulgente y protector de Dios, pero al
final, aún Dios el Padre no puede ayudar a un pecador que se andaba con tantas dilaciones en cuanto a
confesarse. Fred Abrams también nota que ìthe Divinity implicit in this drama, especially in the closing
scenes, is the ominous Christ the Avenger rather than the forgiving Christ the Redeemer,î lo cual es
evidencia de la influencia postridentina presente en el ambiente teológico del Siglo de Oro (473).
El Burlador de Sevilla contiene muchas alusiones a la religión y además contiene temas que tratan de
la teología. La vida religiosa y la fe de Tirso de Molina sirven como inspiración para la obra. Otra
fuente de inspiración es la época en que escribía: los debates intelectuales y teológicos entre miembros
de la Orden de la Merced, especialmente las opiniones de Zumel, están personificadas en El Burlador de
Sevilla. La obra tiene una sencilla moraleja en cuanto al mensaje religioso: todas las acciones tienen
una consecuencia, a veces en este mundo, pero siempre en el reino de Dios. El mensaje de Tirso no solo
afecta a un personaje o un caso aislado: el tema religioso es universal para la sociedad entera. Según
Tirso, la voluntad es un regalo de Dios, pero hay consecuencias divinas en cada acción. En El Burlador de
Sevilla, Tirso presenta las malas consecuencias de esta situación para que sirva como un modelo para los
que no respetan la voluntad como obsequio de Dios. Según este modelo, una sociedad puede aprender del
ejemplo de Don Juan, y funcionará con más armonía, en concordancia con el plan divino de Dios.
Bibliografía
Abrams, Fred. ìCatalinón in El Burlador de Sevilla: Is He Tirso de Molina?î Hispania: A Journal Devoted
to the Interests of the Teaching of Spanish and Portuguese. Volume 50, 1967.
Hughes, Ann Nickerson. Religious Imagery in the Theatre of Tirso de Molina. Macon, Georgia: Mercer
University Press, 1984.
Martel, Jose and Hymen Alpern, ed. Diez Comedias del Siglo de Oro. Prospect Heights, Illinois: Waveland
P, 1985.
Muñoz, Vicente. El influjo del entendimiento sobre la voluntad según Francisco Zumel, Mercedario. Roma,
Italia: Estudios Mercedarios, 1950.
Palomo Vázquez, María del Pilar. La creación dramática de Tirso de Molina.
www.ucm.es/info/especulo/numero8/palomo2.htm
Old Questions: Predestination and Reprobation. http://www.petersnet.net